El contenido casero le gana al contenido producido
Es el hallazgo más consistente de todos, y a la vez el más difícil de aceptar cuando invertiste en una sesión de fotos.
Los datos del mercado son bastante claros. En Meta, el contenido de estilo casero, filmado por una persona con el celular, promedia alrededor de 1,8% de clics contra 1,1% del contenido producido en estudio, y el costo por adquisición baja entre 22% y 38% en la mayoría de las categorías. En TikTok la diferencia es del mismo orden.
La razón no es estética, es de comportamiento. La gente scrollea de largo el valor de producción y frena en lo que le resulta familiar. Un anuncio que se nota que es un anuncio compite con todos los otros anuncios. Un video que parece un video más del feed compite con el feed.
Esto no significa que la calidad no importe. Significa que la producción alta, sola, es una desventaja si lo que transmite es distancia. El punto está en el medio: prolijo como para que te crean, crudo como para que no parezca publicidad.
Lo práctico: si tenés que elegir entre pagar una producción o pagar tres videos caseros distintos, andá por los tres videos.
Buscá creadores para producir, no solo para publicar
Contratar a un influencer es comprar su audiencia. Vos le pagás para que publique en su cuenta y le llegue a sus seguidores. Se mide en alcance.
Contratar a un creador de contenido es comprar producción. La persona te filma el video, te lo entrega, y vos lo usás como anuncio pago desde tu cuenta. No importa cuántos seguidores tenga: importa cómo filma y cómo habla.
Lo segundo suele ser bastante más barato, más rápido de coordinar y más fácil de escalar, porque es un proceso de producción y no una negociación. Y para vender, que es de lo que se trata en estas fechas, suele rendir más.
Un dato que matiza esto y conviene tener: el mismo video publicado desde la cuenta del creador genera bastante más interacción que publicado desde la cuenta de la marca, y en TikTok los formatos que usan la publicación original del creador rinden alrededor de 25% mejor en clics. Si podés negociar que el anuncio salga desde la cuenta de ellos, mejor.
El precio y la oferta, sin hacer pensar
La regla que resume todo esto es: no le hagas hacer cuentas al que mira. La oferta tiene que entenderse en el medio segundo que dura la atención.
“Todo a $25.000” o “40% en toda la tienda” funciona mejor que “llevando dos, la segunda al 30%”. Lo segundo puede ser mejor negocio para vos, pero exige que la persona calcule, y nadie calcula scrolleando.
Sobre poner el precio, hay que ser honesto con lo que dicen los datos. Hay análisis sobre miles de millones de impresiones en ecommerce que asocian mostrar el precio con una mejora fuerte en la tasa de compra, aunque los propios autores aclaran que miden correlación y no causalidad. La lógica detrás es simple y bastante sólida igual: mostrar el precio filtra. Entra menos gente, pero la que entra ya sabe cuánto sale y no se va apenas ve el número.
Lo práctico: precio anterior tachado y precio final grande al lado. Es la forma más vieja del mundo y sigue siendo la que mejor funciona, porque comunica la oferta y el ahorro en una sola imagen.
Los primeros segundos son casi todo el anuncio
En video, la decisión de seguir mirando o seguir scrolleando se toma en los primeros tres segundos, y la propuesta de valor tiene que aparecer antes de los dos. O sea que el orden clásico de un comercial (presentar la marca, generar clima, y al final la oferta) está exactamente al revés de lo que funciona en el feed. La oferta va primero.
Primeros segundos: el gancho. El descuento, la cuenta regresiva, o el problema que resolvés. Algo que frene el dedo.
El medio: por qué sirve el producto. Acá es donde entra la reseña del creador, la demostración, o el antes y después.
El cierre: qué hacer y hasta cuándo.
Sobre la duración, los datos de TikTok ubican el punto óptimo entre 21 y 34 segundos para clics y conversiones, mientras que los videos de 15 segundos rinden mejor para alcance. O sea que si el objetivo es vender, un poco más largo funciona mejor de lo que uno supondría.
Vas a necesitar más creatividades de las que pensás
Un anuncio no se gasta solo cuando vos te aburrís de verlo: se gasta cuando tu audiencia lo vio demasiadas veces.
Y acá hay algo contraintuitivo. El contenido casero, que rinde mejor, también se gasta más rápido, porque parte de su ventaja es la novedad. Los datos de mercado ubican su vida útil en unos 10 a 14 días antes de que los clics y la conversión caigan entre 25% y 40%. El contenido de estudio se gasta más lento, entre 18 y 25 días, pero arranca de más abajo. En noviembre todo esto se acelera, porque la misma persona está viendo anuncios de todo el mundo al mismo tiempo.
Lo práctico: llegá a noviembre con varias piezas distintas listas, no con una. Tres o cuatro videos distintos filmados con anticipación es un objetivo razonable, y es infinitamente mejor que uno solo. Y filmalos ahora, no en noviembre: en noviembre vas a estar despachando pedidos.
Todo esto se mira desde un celular
Obvio pero se rompe seguido. El anuncio se ve en vertical, en una pantalla chica, casi siempre sin sonido al principio. Eso implica tres cosas concretas: formato vertical, texto lo suficientemente grande como para leerse en un teléfono, y que se entienda sin audio. Si tu video necesita que lo escuchen para entenderse, la mayoría no lo va a entender.
Y una que casi nadie chequea: entrá a tu propia tienda desde el celular y comprá algo. Si la página tarda en cargar o el checkout es incómodo, todo el dinero de la publicidad se pierde en el último paso.